Reportaje

Anquetil, Hinault y ¿Froome?

1 septiembre, 2016

Les confieso una cosa. Y no es la primera vez que lo hago en este minúsculo espacio alojado en la última celda de algún servidor sito en alguna de las ex repúblicas soviéticas. La modorra estival solo me está permitiendo hacer un seguimiento parcial de la Vuelta a España, una carrera que por lo visto hasta el momento se consolida otra vez más como la mejor de las tres grandes. El Giro fue sublime, ya que se conjugaron un recorrido muy creativo con continuas alternancias en el liderato y grandes dosis de suspense. Pero en la pelea por la general solo había uno de los grandes vueltómanos del momento, en tanto que en la ronda hispana se dan cita los tres mejores junto a otros dos ciclistas que ocuparon podio del Giro. Uno de ellos es Froome, que tiene ante sí el reto de ocupar un lugar en la historia junto a Hinault y Anquetil, los únicos que han ganado el mismo año la Vuelta y el Tour. Para ello, tendrá que estar con los mejores en Aubisque, vapulear a Quintana en la contrarreloj e ir contra los pronósticos que le auguran un desfallecimiento en la tercera semana. Gustará más o menos, pero el británico da lustre a esta estupenda Vuelta y la Vuelta puede dar esplendor a su palmarés.

El etapón de la Vuelta

El etapón de la Vuelta

¡Vivo sin vivir en mí!, que dirían Faemino y Cansado. El viernes me marcho con mi amigo Poli a Huesca, lugar de paso camino del Col d´Aubisque, el coloso que se alza sobre Laruns, una preciosa villa de 1.000 habitantes sumergida entre montañas, perteneciente a la región de Aquitania y por la que transitará el sábado la Serpiente Multicolor. Lo tenemos todo listo: los hoteles reservados, la nevera, los clásicos pulpos para que no se suelte del carrito que nos permitirá transportar las cervezas hasta la estación de esquí de Gourette y, por supuesto, la información pertinente a la circulación por las carreteras de la zona. Tras varias llamadas a la Guardia Civil y la Gendarmería gala, nos pusimos en contacto con Unipublic, la empresa que organiza la Vuelta a España con el afán de asegurar que no íbamos a tener ningún problema con cortes de vías y similar. “De momento no está previsto cerrar a no ser que se vaya saturando de público entonces son los gendarmes quienes cerrarán”. Información de primera mano de Paco Giner, director técnico de la Vuelta y artífice junto a Fernando Escartín del recorrido. No sé por qué me viene a la cabeza eso de que en Fuenteovejuna, todos a una.

El sábado es la etapa clave de la Vuelta, siempre que no acontezca algo imprevisto en este peligroso e interesantísimo díptico vasco plagado de tachuelas de segunda y tercera categoría. Contador ganó en Fuente Dé la edición de 2012 cuando nadie lo esperaba. Solo que el cartel de favoritos no era el mismo, no había ningún equipo del nivel de Los Frailes o Sky y, sobre todo, no restaba una etapa como la de este sábado en Pirineos, calificada por Perical Delgado como la más dura de la historia de la Vuelta. 196 kilómetros por territorio francés en los que se subirán Col Inharpu (11,5 kilómetros al 7,1%), el interminable y muy al estilo de las cimas de Almería –aunque con una cromática algo distinta- Col du Soudet (24 kilómetros al 5,2%), el durísimo Marie Blanque (9,2 kilómetros al 7,5%) y el salvaje Aubisque, con sus 16,5 kms de ascenso por carreteras rugosas y con una pendiente media del 7,1%.

Mismo gesto pero más gordico

Mismo gesto pero más gordico

Un etapón en toda regla que pondrá a prueba las fuerzas de los favoritos para ganar la carrera (Quintana, Valverde, Chaves, Contador, Yates) y en la que se verá si Biohazard, el líder del algo menos todopoderoso Sky aunque con Konig supliendo a las mil maravillas al abonado a la bata blanca Mikel Landa, puede aguantar las tres semanas de competición tras haber ganado con solvencia el Tour de Francia y haber participado en los JJ OO de Río. Porque esa es la duda que ahora mismo tiene el seguidor más fiel de este deporte, si el renacido de la Bilharzia cuenta con motor suficiente para aguantar con los mejores en los Pirineos para dar la estocada definitiva en la crono de 37 kilómetros de Calpe, terreno más que suficiente para meter más de dos minutos al Abuelo y llegar con más de uno de diferencia a la etapa del día siguiente que acaba en el Alto de Aitana, puerto especial de 21 kilómetros al 5,9% que pone punto y final a la lucha por la general (que no al resto de maillot, como bien conoce Llorito Rodríguez). Pese a que ese día se suben otras cuatro cimas de segunda en las que habrá mucho desgaste, parece difícil que la general pueda decidirse en Aitana a no ser que la diferencia entre favoritos sea solo de un puñado de segundos.

Hasta la etapa de Peña Cabarga, mi opinión era que Froome se iba a hundir como en 2012 o 2015 y no iba a aguantar el embiste de corredores más frescos como Nairo o Chaves, pero si se aprecia su evolución en carrera, claramente de menos a más como hizo en Lagos, empiezan a entrarme las dudas. “He tenido una temporada cargada, el Tour, los Juegos y no he tenido mucho tiempo para prepararme específicamente para la Vuelta. Por eso mismo, espero estar mejor en la segunda mitad, y espero estar en camino de ello por ahora”, explicó el ciclista al portal Cyclingnews. “No hemos hecho entrenamiento en altitud, sobre todo porque con los Juegos en el medio no había tiempo suficiente para descansar e iniciar la preparación para la Vuelta. Es por ello por lo que siento que me estoy poniendo en forma durante la carrera y espero dar lo mejor de mí mismo en la última semana”.

Me gutta el furgooo

Me gutta el furgooo

Fue en esa segunda mitad de carrera que puede atragantársele a Biohazard cuando Bernard Hinault cimentó su victoria de la edición de 1978 de la Vuelta a España, que por entonces se disputaba en primavera y, por lo tanto, antes de la Grande Boucle. El Tejón dio uno de los golpes definitivos en una etapa con final en La Tossa de Montbui, muy cerca de la ciudad donde reside nuestro buen amigo de las redes sociales Marcel Dot Rovira. Seguro que si le preguntas te puede decir algo de aquella edición, disputada en una España que poco tiene que ver con la de ahora. Ese año, se pasaba también por el País Vasco, y fue el último en que lo hizo hasta 2011 por los altercados vividos durante el la decimonovena etapa, en la que el público parece que malinterpretó eso del hasta entonces reprimido concepto de libertad lanzando troncos de madera a los ciclistas. El Correo renunció desde ese momento, se lee en Wikipedia, a organizar más ediciones de la carrera española.

El dominio de Hinault fue insultante, desbancando del liderato a Van den Haute –sexto en la general final, vencedor ese año ganó de la Gante- en la etapa 12 y no soltando el amarillo hasta la meta de San Sebastián tras levantar los brazos en cinco ocasiones. Como en la edición de 2016, fueron dos las etapas las que atravesaron territorio vasco. José Pesadorrona y Jean René Bernadeau, compañero de Hinault en el equipo Renault-Gitane– acompañaron al malhumorado francés en el podio, ambos a más de tres minutos de diferencia. Ese año, ganaron etapas grandes nombres como Perurena, Lefevere o Belda.

Anquetil en la crono de 1963

Anquetil en la crono de 1963

Solo otro corredor en la historia del ciclismo consiguió la hazaña de ganar Vuelta y Tour el mismo año. 15 años antes que Hinault, su compatriota Jacques Anquetil, la calculadora humana, se enfundó el amarillo en la contrarreloj del primer día en Gijón (52 kilómetros) y no lo soltó hasta el final en Madrid. En medio, el ciclista del equipo Saint-Raphael no logró ninguna victoria parcial, al estilo de Miguelón. Este triunfo en la ronda española encumbró a Anquetil como único en la historia en lograr las tres grandes vueltas por etapas, algo que solo han conseguido más tarde el Carnívoro de Pinto, Gimondi, Merckx, Hinault y el Squalo.

Froome es el mejor vueltómano en la actualidad. Está por encima de Nairo, al que tiene comida la moral, como demostró en el pasado Tour. Nibali ganó el Giro y por su forma de correr creo que es el único que puede sorprenderle en una vuelta de tres semanas. Las burbujas del Gaseosas tienen menos fuerza que una Casera que haya estado dos meses sin tapón en una nevera. Pero siendo estrictos, su palmarés se concentra en unas pocas carreras que bien es cierto que ha dominado como pocos en la historia: el Tour de Francia (tres coronas, siete etapas), Dauphine (tres coronas, seis etapas) y Romandia (dos coronas, tres etapas). Para formar parte del selecto grupo de los más grandes, tiene que ganar otra gran ronda por etapas. En esta Vuelta, con sensaciones o potenciómetro, en la alta montaña o contra el crono, tiene su mayor oportunidad. “Me encantaría ganar la Vuelta, es una carrera preciosa, es parte grande del calendario, y tras ganar el Tour es mi gran prioridad”. Alea jacta est.

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