Cronica

Un día en las carreras

5 septiembre, 2016

Aquel que haya estado en una gran etapa de montaña de alguna de las tres carreras ciclistas por excelencia, Vuelta, Giro y Tour, sabe que no hay ningún otro evento deportivo que se le acerque ni por asomo. Todo lo demás, ya sea un partido de Champions o una eliminatoria de Euroliga de Baloncesto, por poner dos ejemplos de deportes que despiertan las más altas pasiones y mueven ingentes cantidades de dinero, está a años luz de lo que se vive cuando estás rodeado de montañas llenas de vegetación en las que miles de personas –tres cuartas partes vascas- aguardan de manera variopinta el paso del pelotón. ¡Vamos, que no queda nada!, le dice alguien que acaba de abrir una cerveza helada mientras está sentado en una sombra a otro que hace eses y da chepazos en las rampas del Aubisque, esa salvajada de puerto que puso punto y final al etapón del sábado de la Vuelta a España. Padres con niños, parejas, amigos de rutas, familias enteras, con bici o con nevera, que se congregaron en el Pirineo francés para seguir el mayor espectáculo del mundo, el de un deporte en el que el respeto y la admiración por los sus protagonistas están por encima de cualquier consideración.

Impresionantes vistas

Impresionantes vistas

A ver. Tampoco hay que llevarlo todo al extremo ni ponerse muy solemne, que no hay cosa que más me toque la moral que las alabanzas extremas hacia el ciclismo y todas esas patrañas baratas de la épica, la camaradería, la resilencia o el espíritu de superación. Además, no me cabe la menor duda de que entre los miles de aficionados que acudieron a las proximidades del bello paraje que se eleva sobre Laruns, una de las primeras localidades que te encuentras cuando abandonas África por la parte aragonesa para entrar en Europa, había también gente execrable que nunca querrías encontrarte a lo largo de tu vida. Dicho esto, insisto en que en mi opinión no hay nada que se asemeje al disfrute de un día en la montaña con la perspectiva de que en unas horas tendrás cara a cara, a escasos centímetros de ti, a la élite ciclista jugándose la etapa, la general o, sencillamente, eludir el fuera de control.

Tras dormir en Huesca, una pequeña ciudad sin demasiado encanto, bonita y limpia pero sin demasiada personalidad, partimos la mañana del sábado con la idea de dejar el coche en Eaux-Bonnes, una pequeña localidad sita a unos doce kilómetros de la cima del Aubisque, el puerto más duro que he visto en mi vida junto al Angliru. Más que el Glandon por la Chambre, más que Alpe D´huez (aunque si subieran hasta La Serenne, no sé, no sé). En el coche llevábamos una nevera llena de hielo, cervezas y embutido para los bocatas, pack básico sin el que sería imposible disfrutar de forma plena en un evento de tal calibre. Por supuesto, para transportar la nevera es indispensable usar un carro con ruedas con la sujeción de unos pulpos. Subrayo esto porque por el camino nos encontramos algunos aficionados vascos algo bisoños que llevaban el armatoste a pulso bajo un sol de justicia y salvando rampas constantes del 8% con picos del 13%. No es necesario, lo mismo que tampoco lo es usar un 39×23 para subir este puerto o cualquiera de los otros tres primeras que ese día los ciclistas dejaron atrás antes de Aubisque. La épica para Rolando, su espada Durandal y la batalla de Roscenvalles.

Dando suerte

Dando suerte

Es una gozada caminar cuesta arriba mientras charlas con tus compañeros de viaje –en este caso solo uno, Poli el colombiano– buscando la sombra que te ofrece la vegetación de esta montaña pirenaica. Pero lo es más parar con la camiseta empapada y abrir una deliciosa cerveza (en este caso, Damm y Voll Damm) mientras das ánimos a los que pasan en bici y te detienes a hablar con alguno de los allí presentes. A 9 de meta, muy cerca del cartel pagado por Carmena, se leía debajo “Fuenlabrada”. La autoría de la pintura, hecha a base de rodillo, de unos maños que el día anterior subieron Portalet con unas bicis algo desvencijadas y que ese mismo día iban a hacer lo propio por el lado francés, mucho más duro y con peor firme. Otra cerveza, unas patatas, distendida conversación, un marlboral, y vuelta al ruedo.

Las caravanas se agolpaban en las cunetas de la estrecha y bien asfaltada carretera que conduce a la cima del Aubisque. Algo muy típico del Tour de Francia y no tanto de la Vuelta, donde los aficionados no suelen hacer noche mientras aguardan el paso de los ciclistas. Como ya te habrás imaginado, casi todos franceses, belgas u holandeses. “Today is the day for Gesink!” “Maybe, maybe!”, comentamos con un simpático y entrañable holandés recostado en una hamaca al que por su postura y, yo qué sé, actitud ante la vida, se le advertía un bajo nivel de estrés. Poco más arriba, nos dimos de bruces con unas caravanas en las que sobresalían fotos de la promesa gala Jean Pierre Latour. “¿Queréis conocer a los padres de Latour?”, nos dijeron. “Sí, claro, no tenemos nada mejor que hacer”. Padre, madre y familiares acudieron a animar al ciclista de Romans-sur-Isère, pequeña ciudad situada en Isère River, a unos 20 kms de Valence. Tras conversar con ellos –bueno, en mi caso más bien mirar y sonreir, porque no sé una palabra de francés- nos regalaron una foto y le deseamos suerte.

Clica para verla en grande

Clica para verla en grande

El maillot del Euskaltel es una commodity en este tipo de eventos. Lo llevan hasta los caballos que pastan sueltos por los prados del Aubisque. Y, por supuesto, también lo visten los niños que desde que son unos cocos acuden con sus padres a las citas con el ciclismo profesional. Claro, cómo no va a haber afición a este deporte en el País Vasco, es algo cultural, como su pasión por el Athletic, la Real o el RH Negativo. No sé si es porque ya me va tocando, pero es muy tierno ver a los chiquillos subir el puerto vestidos del Euskaltel y acompañados por sus padres mientras la gente que está en la cuneta les da ánimos. ¡Aupa! ¡Aupa! ¡Aupa! Repetía de forma constante y con una voz similar a la de Joselito un chiquillo sentado a los pies de una caravana. Quien estuviese, sabrá de quien hablo, porque el chaval era una metralleta.

Una de las cosas más bonitas de este tipo de congregaciones es, como digo, ver la cara de felicidad que irradian los niños cuando ven pasar a sus ídolos. No quiero ponerme pedante (¡niiiños, futuuuro!), pero tuvimos la ocasión de observar el encuentro de Mathieu Lagdanous con su hijo y una peña de amigos vestidos de verde en la bajada del puerto, una vez finalizada la etapa. El corredor francés tomó en brazos a su descendiente mientras el resto de chavales revoloteaban en torno a ellos. “Este es mi padre”, pensaría orgulloso. Y los demás ponían caras de asombro aguardando que repartiese algún presente. Lagdanous lanzó un botellín y todos se abalanzaron a por él como si de un valioso botín se tratase. Porque en realidad eso era. Los hermanos de las gafitas, la chiquilla y su cara de fascinación.

Froome bajando con un silbato: marginal gains

Froome bajando con un silbato: marginal gains

Poco más arriba, la estación de Gourette, donde la organización instaló una pantalla gigante y los visitantes aprovechaban para tomar unos refrigerios –en el bar ese “algunos” era más bien un “muchísimos”- antes de que pasara la caravana. Un kilómetro más arriba nos instalamos de forma definitiva, allí donde la carretera se empinaba hasta rozar los dobles dígitos de desnivel. Aún restaba hora y media para que pasaran los primeros del pelotón. La mejor hora y media del día tras el esfuerzo de haber recorrido nevera en carro cerca de nueve kilómetros, minutos de tensa espera hasta que se suceden las pistas que anticipan el paso de los escapados. Primero, el helicóptero, que cada vez suena más cerca. Después, las indicaciones de aquel que tiene Internet y, por último, el rumor cada vez más fuerte de aquellos que están más abajo. No fue tan memorable como en el Angliru en 2013, cuando los jinetes salían uno a uno de entre la niebla, pero casi. Primero, las motos de la Guardia Civil, orgullosa de campar a sus anchas en el país vecino. Las de la organización y, al poco, los ciclistas. Gesink, Bakelandts, Elissonde… ¡Yates! ¿Es Yates? ¡Que sí, que sí, que era Yates! ¡Joder, va escapado! ¡Chaves, Chaves! ¡Samuel, Samuel! ¡Dani Moreno, vamos Dani! ¡Froome, ahí va Froome, con Quintana! ¡Vamos Nairo, vamos, vamos! ¡Vamos, Gaseosas, vamos, vamos! Todo el mundo desgañitándose a su paso, preso de la emoción de ver a la flor y nata del ciclismo a escasos metros de tu sitio. Algo que no sucede en ningún deporte.

Visto y no visto, pero aún resta por llegar casi todo el pelotón, por lo que el éxtasis se prolonga durante otra media hora. ¿Y Valverde? ¿Dónde está Valverde? A los diez minutos, pasa el murciano, totalmente muerto, que en medio de aplausos pasa mucho más despacio que los mejores de la etapa. Brambilla, que ganaría al día siguiente en Formigal, pasa charlando de forma distendida con su compañero de equipo Meersman. Kevin Reza, que a su paso se pone de pie encima de la bici al escuchar su nombre. ¿Y la grupeta? Por ahí viene el gran grupo, sufriendo por coronar Aubisque tras más de seis horas y media encima de la bici, en las que tuvieron que salvar cerca de 5.000 metros de desnivel. Unas cervezas para celebrarlo y vuelta al coche mientras te juegas un poco la vida con coches y bicicletas pasando a tu vera a más de 60 kilómetros por hora. Quizá el peor momento de un espléndido día. Y mientras caminas de vuelta, deseas que el año que viene vuelva a repetirse esta historia. Porque no hay nada mejor que disfrutar de un día en las carreras.

You Might Also Like

3 Comments

  • Reply Lemond Forever 5 septiembre, 2016 at 20:22

    Se te ha olvidado mencionar a la gran Laura Meseguer. Vaya tía más guapa, maja y profesional como la copa de un pino. Un saludo!

  • Reply Elena 5 septiembre, 2016 at 21:27

    Qué buena descripción!. Felicidades.

  • Reply Container 12 septiembre, 2016 at 19:35

    Ya me va tocando dice, a ti ya se te ha pasado el momento! Abuelo!!!!

  • Deja un comentario

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    Powered by themekiller.com anime4online.com animextoon.com apk4phone.com tengag.com moviekillers.com