Cronica

El epatante Luca Paolini de 2015: del Poggio al Pollo (y tiro porque me toca)

16 octubre, 2015

A quién sorprende que un ciclista consiga su mayor triunfo como profesional con casi 40 años a las espaldas. Si Coditos Horner humilló a Vincenzo Nibali en la Vuelta a España de 2013, ¿por qué Luca Paolini no iba a ganar la prestigiosa Gante-Wevelgem, el sexto monumento del calendario, con 38 primaveras? Pero, ¿y eso cómo se consigue? Pues entrenando más y mejor, sobre todo cuando hay un contrato en juego.

Si hay leña de por medio, pues más madera. Luca Paolini (Milán, 17 de enero de 1977) cumplía contrato a final de año con los rusos del Katusha. Un acicate para mejorar y esforzarse más. Y de paso completar uno de los mejores años de una trayectoria deportiva que empezó en 2000 de la mano del Mapei.

El 22 de marzo dio inicio a sus exhibiciones de primavera con el trenecito en el Poggio, tachuelita de algo menos de cuatro kilómetros al 3,7% que precede a la llegada de la Milán Sanremo. El barbudo pelirrojo llevó al grupo con la lengua fuera durante tres kilómetros en los que nadie se atrevió a saltar, con lo que cubría las espaldas de su jefe de filas, Alexander Kristoff, e impedía el éxito de la fuga de Geraint Thomas (Sky), escapado gran parte de la etapa. A poco de coronar, se sucedieron un par de intentos de Gilbert y un grupo con Sagan y Matthews, inútiles ya que solo restaban tres kilómetros para meta. En vista de los hechos que acaecieron meses después, sería interesante conocer el contenido de las bolsitas que dieron a Paolini en los avituallamientos, porque a poco más de un kilómetro para la llegada, volvió a colocar a Kristoff en cabeza de pelotón para después lanzarlo –un poco pronto y con la lengua fuera- en el sprint. Victoria para Bigotitos Degenkolp y segundo puesto para el noruego.

El ¡uy! de San Remo se convirtió en un golazo por la escuadra en la Gante-Wevelgem, prueba de 240 kilómetros que se disputa en Flandes en la que suben durísimos muros de adoquín como el Kemmelberg o el Monteberg. La Gante fue un carrerón, sin duda la mejor de un día de 2015 por la emoción y las adversas condiciones climatológicas, con lluvia, rachas de viento de más de 50 kilómetros por hora y ensalada de caídas.

A 88 kilómetros para meta, el propio Paolini se fue al suelo subiendo uno de los muros mientras el grupo en el que viajaba perseguía a Maarten Tjallingii (5 de noviembre de 1977). Daba igual. Gracias a haberse entrenado más y mejor en el invierno, hizo algo memorable a poco más de 60 kilómetros de meta. Con Roelandts en solitario y un grupo de cinco trotones tras él (Vanderbergh, DeBbusschere, Oss, Vanmarcke y Thomas), se avitualló y saltó del pelotón como un resorte para enlazar con los favoritos. En tres kilómetros, les restó 40 segundos y le metió más de un minuto a un pelotón que ya daba la carrera por perdida. Todo ello con viento racheado en un día de perros (ver 1:09 minutos a Roelandts y 1:12 el enganche de una bolsa en un ciclista).

Pese a que en uno de los últimos muros sufrió para no descolgarse, Paolini remató el tiro con una fuerza descomunal, haciendo un guiño a aquella arrancada sentado -¿con motorcillo?- de Fabian Cancellara en Paris –Roubaix 2010. A menos de seis para meta, sin levantarse del sillín y pocos segundos después de haber amagado con atacar, se marchó en solitario hasta la meta de Wevelgem, en la que entró con los dos dedos bien en alto para que los viesen los rusos que le pagan la nómina.

“A mí me la echas así”

Parece que Viacheslav Ekimov, ex ciclista y director de Katusha, interpretó bien el mensaje. “Ale, te quedas con nosotros un añito más, hasta final de 2016, que seguro que puedes enseñar bien a los chavales como Ilnur Zascandil cómo entrenarse más y mejor”. Bueno, en realidad, lo que dijo fue: “Sin duda, Paolini, es un gran corredor, uno de los más respetados y populares y con muchos fans por todo el mundo”. “Estoy muy feliz de que se quede en nuestro equipo, sé que aún no ha dicho su última palabra en el ciclismo”.

Correcto. La última la dijo en el Tour cuando lo expulsaron por un positivo por cocaína. Joder, cocaína. Si te pillan por EPO, como le sucedió también este año a su compañero de equipo Giampaolo Caruso, puede tener una disculpa. Si no te entrenas bien, hay que salir del paso. Pero que con 38 años te pillen por haberte metido farlopa… Echar por tierra el haber entrenado más y mejor para ganarse la renovación por unos tiritos… Paolini, que fue acusado de comprar y consumir drogas no recreativas como la EPO en el marco de la Operación Atenea; Paolini, cuya casa fue investigada por la policía pocos días antes de que ayudase a Bettini a ganar el Mundial de Salzburgo; Paolini, que disputó ese mundial pese a que ya sabía que estaba bajo investigación. ¿No te bastaba con un par de tazas de café o un Redbull?

Luca Paolini at the presentation of the 2010 Giro d'Italia.

Luca Pacino, il Padrino del Pelotoni

La pena de todo esto es que Paolini no va a poder “ayudar a los jóvenes corredores en el equipo en su desarrollo profesional”, como expresó el feliz día de su renovación. A ver qué pasa ahora con la carrera del pobre esprinter-clasicómano-escalador Ilnur Zascandil, una vez que ya tenía la lección aprendida tras la sanción de dos años que le impusio la Federación Rusa en 2009 por tomar anabolizantes.

En disculpa de Luca, es conveniente apuntar que esto de rendir como un animal cuando se acaba el contrato es más común que un cuarto puesto de Rojas. Que se lo digan al renacido Rubén Plaza, que con 35 añazos ha ganado sendas etapas de montaña en el Tour de Francia y la Vuelta a España, lo que le ha permitido firmar con el Orica por ¡dos años!

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