Reportaje

La Tourfilia que lo ensombrece todo

13 septiembre, 2016

Que Nairo Quintana tiene que correr todos los años el Tour de Francia es algo que solo puede ser cuestionado por un ignorante o un romántico idealista acostumbrado a batallar en su día a día contra molinos de viento. Pero al mismo tiempo es indudable que el extraordinario ciclista colombiano tiene un grave problema con la Grande Boucle, mutado ya en insana obsesión por culpa de otra de las pésimas estrategias de marketing -en este caso el producto es Quintana– desarrollada por la empresa que le paga. Da igual lo que haga, porque en tanto no cumpla la estupidez esa del “sueño amarillo” que inundó las redes sociales ninguno de sus triunfos será valorado como merece. La obsesión del abuelo prodigio de Boyacá con el Tour supera incluso a la de Alfred Hitchcock por las mujeres rubias. Dio igual que hubiese ganado la Vuelta a España. A los pocos minutos, se estaba hablando de ese monstruo alimentado por su entorno y que ha devorado una de las temporadas más espectaculares que se recuerde en un ciclista.

"¿No lo tienen en amarillo?"

“¿No lo tienen en amarillo?”

El sueño amarillo continúa vigente, no desistiremos y regresaremos con más ímpetu y mayor experiencia a por él”. Esta respuesta de Quintana, que por buena lógica debería datar de una fecha próxima al final de julio tras ser aplastado por Chris Froome y el escuadrón de las sombras que le escolta, es del domingo 11 de septiembre de 2016, el mismo día en que se subió a lo más alto del podio de Cibeles como ganador de una de las mejores Vuelta a España que se recuerde. Se podría culpar al periodista, a la prensa en general -¡maten al mensajero!-, pero lo cierto es que el único responsable de que en el día de tu mayor triunfo profesional te interroguen por la principal causa de tu frustración es el grupo de gestores sobre el que recae la marca Quintana. No sé, pero me cuesta imaginar a alguien interrogar a Pablo Laso sobre si va a ganar la Euroliga el día que consigue la Copa del Rey. Y si lo hace, imagino que el vitoriano pondría un gesto raro y lo mandaría a paseo. O, es más, no creo que sencillamente a ningún periodista en su sano juicio se le ocurriría hacer esa pregunta a riesgo de parecer un cafre ignorante.

El Lunático de las Caleyas es un buen termómetro. “Yo lo que recordaré de Nairo este año es que, por primera vez en años, no seguí el Tour”, me dijo hace pocos días. “Dios, Berts, me estás empezando a caer peor de que lo que te cae Tocinitos a ti. Hizo una Jenna Jameson, joder. Prefiero lo que hizo Bardet aunque hubiese sido décimo. Entiendo lo que dices, una temporada de la hostia, ensombrecida por no haber muerto matando en el Tour. Por supuesto, o se gana o no vale una mierda”. Se me ocurrió responder que en 2016 Quintana le ha metido un 3 a 1 a Biohazard, a lo que el Lunático de las Caleyas respondió que “el cómputo global es que no ganó ni un Tour… Qué es eso de que no iba, eso es una mierda”. Además de comprobar con estas jugosísimas declaraciones que este personaje no tiene educación, lo que extraigo es que en su cabeza y en la de tantos otros -porque el Lunático de las Caleyas es la masa misma de la que hablaba Ortega y Gasset– está grabado a fuego la chorrada del “sueño amarillo”. Quintana, o ganas el Tour, o eres un fracasado. Y además eres incapaz de saborear como es debido de las mieles de unos triunfos que este año han sido muchos y de prestigio.

Nairo en Lagos

Nairo en Lagos

Quintana se enfundó el maillot rojo en los Lagos de Covadonga tras demostrar que no existe en el panorama ciclista actual un escalador de su nivel. En la mítica ascensión asturiana ganó con holgura a Froome, Chaves y Contador, un cartel de rivales que ha hecho de esta Vuelta a España una de las mejores de siempre. Lo dijo el propio colombiano cuando aseguró que esta Vuelta pesa más que el Giro de 2014 por la entidad de los contendientes. Además, fue en los Lagos donde el abuelo de Boyacá perdió los complejos ante su bestia negra, el keniata que en 2011 venció a la Bilharzia para protagonizar una de las metamorfosis más increíbles que se recuerde desde los tiempos de Kafka: de un don nadie que no era valorado ni en su equipo a un vueltómano que ya está por encima de mitos como Greg Lemond. El colombiano reconoció que ese fue un punto de inflexión clave desde el punto de vista moral, aunque lo cierto es que la ronda española la ganó tras el caos generado por el Gaseosas en la etapa de Sabiñánigo, el mismo ciclista que visto con perspectiva le robó el Tour de 2015 en la etapa de Zeelandia.

Una Vuelta de España ante la flor y nata del ciclismo, con un recorrido duro y bonito, dando un gran espectáculo en la etapa de Aubisque, ganando en una cima de tronío como Lagos, y el día de tu coronación te preguntan por el Tour de Francia de 2017. Y tú encima respondes que “el sueño amarillo continúa vigente”. “No desistiremos y regresaremos con más ímpetu y mayor experiencia a por él”. Pero el problema no es la respuesta en sí (en la que también dice que no es una obligación ganar el Tour, y yo respondo que cualquiera lo diría a tenor de los hechos), el verdadero problema, como ya se ha comentado en el texto, es que alguien te interrogue sobre ello sin parecer un becario recién salido de la facultad con menos cultura ciclista que Paco Grande.

¿Y este trapo que me traes sirve para pagar deuda?

¿Y este trapo que me traes sirve para pagar deuda?

La Vuelta a España solo fue el colofón de un año estratosférico. Si se miran los guarismos de esa maravillosa web que es Procyclingstats, se puede aventurar que el temporadón de Nairo está en el top 30 de todos los tiempos. El 1992 de Miguel Induráin está en décimo lugar, según el site holandés, con un total de 2.594 PCS (puntos similares a los que concede la UCI con unos baremos más que lógicos), mientras que Quintana ha cosechado 2.068. Hace 24 años -madre del amor hermoso, qué feliz y despreocupado vivía por entonces-, Miguelón ganó el Giro de Italia más dos etapas, el Tour de Francia más tres etapas, la Volta a Catalunya y una etapa del Tour de Romandía. A eso hay que sumar otros múltiples puestos de honor, como un segundo puesto en la general de la prueba suiza y tercero en la París Niza. Pero es que lo de Quintana está casi a la altura de la recolección del campeón navarro, con victorias en la general de la Volta a Catalunya y Romandía más etapa, ambas de calificación World Tour y ambas ante Froome, tercero en País Vasco y San Luís y, por supuesto, tercero en el Tour de Francia.

Una disciplina en números más propia de un pedalista europeo que colombiano. Porque la principal virtud de Nairo, por encima incluso de sus poderosos ataques cuando la carretera apunta hacia el cielo, es la regularidad. Esa cualidad que le concedió su último podio en París pese a solo ser top ten en una etapa y que le permite a estas alturas ser el número 1 del ranking World Tour, una clasificación que año tras año suelen conseguir aquellos ciclistas que tienen la virtud de ser competitivos tanto en carreras de etapas como clásicas, pruebas éstas últimas que Quintana ha obviado por un calendario que mezcla las primeras con concentraciones en altura en su querida Boyacá. Pero da igual, porque todos estos éxitos quedan ensombrecidos por esa enfermedad llamada Tourfilia que su entorno ha inoculado en su organismo y para la que el Lunático de las Caleyas tiene su medicina. “Que se vaya a Orica, eso sí que iba a ser espectáculo, a lo Balbas-Jalabert”.

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4 Comments

  • Reply CacaitoR 13 septiembre, 2016 at 23:01

    Hola, berts.

    Menudo fanboy estás hecho de güelito queentana. Hay tanto que responderte que me abruma,mejor lo hago con calma mañana en horario laboral, que siempre me inspiró más.

    De lo más ofensivo que me viene a la mente… Que digas que es más mito el grandísimo corredor colombiano que un triple campeón del tour y doble del mundo es para encerrarte. Está claro que una prueba tan disputada como la volta ’16 ensombrece el palmarés de cualquiera.

    Pero que compares esta temporada del brillante trabajador de esa gran corporación que es el antiguo monopolio de las telecomunicaciones españolas con la de un energúmeno que ganó giro y tour del tirón… Es como para que no te dejen volver a escribir más en Interné!!!

    Háztelo mirar, porque cada vez recuerdas más a esa especie que, por suerte, en breve caerá en el olvido: los fanboy del niño la chuleta.

    Buenas noches y mañana sigo, que desde que soy cuasi abstemio tengo mucha mala baba que soltar!!

    Un abrazo!!

  • Reply locho88 14 septiembre, 2016 at 17:18

    No te preocupes Bert,que Nairo apenás inicia su carrera y está muy conciente de ello ,además está muy feliz de afrontar el reto del sueño amarillo,fé y piernas le sobran

    • Reply berts 14 septiembre, 2016 at 17:21

      Buenas! Yo más que preocuparme por lo que dices, me intriga el aspecto facial que tendrá el entrañable abuelo de Boyacá cuando tenga 80 años. 🙂 Un saludo y bienvenido a este humilde espacio ciclista.

  • Reply Lemond Forever 14 septiembre, 2016 at 17:26

    Te has pasado con eso de que Biohazard ha superado al gran Lemond. Dos veces campeón del mundo, dos arcoiris, valen más que esas Romandias y Dauphines del keniata. Un saludo y sigue dándole al blog.

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