Cronica

La victoria “a lo loco” de Paco Mancebo en Filipinas

25 febrero, 2019
Paco Mancebo y el podio final de Ronda Filipinas

Francisco Mancebo cogió el coche para cubrir las tres horas que separan Granada de Madrid. En Barajas, tomó un avión hasta Dubai para después coger otro con rumbo a Manila antes de aterrizar en Iloilo, ciudad de 300.000 habitantes situada en la isla filipina de Panay. Allí daba inicio la etapa inaugural de la primera carrera del año para el que fuera uno de los ciclistas más destacados del Banesto de inicios de siglo. La Ronda Filipinas es una prueba de categoría 2.2 del circuito asiático, es decir, tiene más de una etapa (2.) y pertenece a la menor categoría (.2) dentro de los circuitos continentales de la UCI. Mancebo acudía a la cita tranquilo, sin ninguna expectativa de victoria, pero en los primeros kilómetros de carrera se metió en una fuga para cabalgar después en solitario 100 kilómetros hasta meta. Con cuatro minutos de ventaja sobre el segundo clasificado, una excentricidad. “Corriendo a lo loco”, como nos cuenta Mancebo.

Sin sorpresa, la vida se queda sin alicientes. Lo mismo ocurre con el ciclismo. En cuanto pierde la capacidad de sorprender, se convierte en un deporte aburrido, insulso, como cada verano en tierras francesas. Sin embargo, cuando no hay control, cuando interviene el caos, cuando ningún equipo es capaz de controlar la situación y cada uno se ve forzado a hacer la guerra por su cuenta, el ciclismo adquiere su máxima expresión. Ocurrió el pasado domingo en Algarve, cuando a 20 de meta arrancó un potro danés desbocado y casi le gana la general a un joven esloveno de 20 años que dará mucho que hablar. Y sucedió el 8 de febrero en Filipinas, solo que en esta ocasión el protagonista doblaba en edad al vencedor de la carrera portuguesa.

Mancebo, con el maillot de líder de Filipinas
Mancebo, con el maillot de líder de Filipinas

“Son equipos de seis ciclistas, 15 equipos”, explica Mancebo. Esto quiere decir que la carrera es mucho más difícil de controlar. Por ejemplo, en el Tour de Francia o en el Giro de Italia compiten 22 equipos de ocho integrantes, por lo que el pelotón en una carrera modesta como la de Filipinas es la mitad que en una gran vuelta por etapas. Y encima no corre Sky. “Iba a ser fuga sí o sí en la primera etapa, nadie la iba a controlar […] El recorrido no es muy duro, con repechillos, carreteras malas y corriendo a lo loco”, dice el corredor afincado en Granada que este año está en la nómina del Matrix Powertag japonés, mismo equipo donde también dan pedales otros españoles como José Toribio o Airán Fernández.

“Arranqué en el kilómetro diez, primero éramos cuatro y después nos juntamos diez en la escapada y llegamos al puerto. Allí se quedaron algunos y nos quedamos cinco delante, que se empezaron a atacar para la montaña. Yo coroné cuarto y antes de bajar había un repecho y cogí al Terengganu [equipo malasio de categoría continental] que iba delante”, recuerda Mancebo, que señala que aún restaban 120 kilómetros para meta con un margen de cinco minutos de ventaja sobre el pelotón. “Fuimos juntos hasta que reventó en el 110. Desde ahí, mantener la velocidad con aire de cara hasta meta. Cuando iba con gente iba ahorrando, pero ya solo no pude. Llegué gracias al aire de cara, ya que detrás enseguida paraban de tirar y se atacaban entre ellos. Nadie quería hacer el trabajo al otro”.

La etapa fue una escabechina. Los ciclistas llegaron de uno en uno pese a que solo había un puerto a lo largo de sus 200 kilómetros de distancia. Eso sí, con una bajada muy peligrosa, llena de piedras, dice Mancebo. El segundo de la etapa, el filipino Ronald Oranza, entró a 3:52 minutos. Dennis Gabaldon, que fue último, lo hizo a 46:03. De los quince deportistas que no concluyeron, ocho fueron descalificados por llegar después del cierre de tiempos. El esfuerzo fue estratosférico. Según Strava, el que en su día acabase en el podio de la Vuelta a España hizo una media de 165 pulsaciones por minuto, cifras de las que solo bajó en el descenso del puerto. La temperatura media durante las más de cinco horas de etapa fue de 31 grados, con picos de 34. “Humedad no había”. Menos mal. La velocidad media de Mancebo fue de 38,5 kms/h, y eso que hizo 90 kilómetros en solitario, con una potencia media de 285 vatios, 4,3 vatios por kilo, y un máximo en sus mejores 20 minutos de 5,2.

El Matrix controla la carrera
El Matrix controla la carrera

Francisco Mancebo no hizo un entrenamiento específico para la Ronda Filipinas. Recuerda que se lesionó del menisco en noviembre de 2018, lo que le impedía andar y correr. Volvió a gimnasio en diciembre para volver a la bici poco después sin mucha intensidad, con un poco de bici de montaña y aumentando la intensidad la semana de antes. “Iba a la carrera como un entrenamiento. El objetivo del equipo es el Tour de Kumano y el de Japón”, relata. Así, llegó día y medio antes de la carrera al hotel donde estaban sus compañeros, pero no el director. En su lugar, debutaba una chica a los mandos del coche del equipo. “La bici me la dieron el día antes”, una Focus Izalco Max con cambio electrónico Durace Di2 que mejoraba el Ultegra mecánico que usó en su debut con los japoneses el año pasado durante un Critérium.

La bici voló con Mancebo de vuelta a Madrid tras de la disputa del resto de etapas, en las que no hubo sorpresas pese a que en la quinta y última el segundo clasificado le restó 30 segundos. También volaron los 100.000 pesos filipinos, 1.700 euros, que obtuvo como vencedor de la general. Con esa montura seguirá entrenando con la vista puesta en la Vuelta a Castilla y León, a la que con casi toda seguridad acudirá junto a su equipo, y la Vuelta a Madrid, que también podría disputar como preparativo para el plato fuerte de Japón.

El de Ávila cumplirá el 9 de marzo 43 años. El año pasado, hizo séptimo en el campeonato nacional entrando en el grupo de los mejores con Valverde o Luis León Sánchez. ¿En qué ha cambiado Mancebo con el paso del tiempo? Aunque en la prueba de Filipinas no fuese el caso (“dos días sin entrenar, calor, estar en la escapada”), dice tiene un pulso mucho más bajo. “En un entrenamiento de cinco horas, 104 pulsaciones por minuto de media. En uno de tres horas, 120”. Y eso que, como dice, su cuerpo no es el mismo. “En 2005, pesaba 62 kilos. Ahora, 65”. Para 175 centímetros de estatura. “Cuidarte al 100% no lo haces, tienes cierta liberación, te puedes tomar tres o cuatro vinos”.

Mira chaval, así se gana una etapa
Mira chaval, así se gana una etapa

En 2006, mientras militaba en Ag2r tras salir de la estructura del Banesto, su nombre apareció en la lista de la Operación Puerto y por ese motivo no pudo correr el Tour de Francia, en el que partía como uno de los aspirantes a podio tras ser cuarto el año anterior y acabar, además, en el mismo lugar la Vuelta a España con una victoria de etapa incluida en Ordino Arcalis por delante de Heras y Menchov. Mancebo nunca dio positivo y nunca fue sancionado, pero no volvió a correr en el World Tour. Ninguno de los once equipos en los que ha estado en la última docena de años, desde el Relax hasta el Inteja dominicano, era de máxima categoría.

Si a Mancebo se le hubiese preguntado hace ocho años si le hubiese gustado correr más años como profesional al máximo nivel, probablemente hubiera dicho que sí. “Pero ahora no cambiaría. Económicamente, no hubiera sido igual, pero son experiencias. China, Filipinas, Malasia… Se disfruta de un ciclismo menos exigente”, expresa. “La bici es una forma de vida, son muchos años en los que he conocido gente nueva y carreras nuevas”.

You Might Also Like

2 Comments

  • Reply The Critic 26 febrero, 2019 at 09:00

    Esta hecho de otra pasta, qué gran espíritu deportivo.

  • Reply Berts 26 febrero, 2019 at 09:56

    No como tú, que con solo romperte la clavícula dejas de dar de pedales.

  • Deja un comentario

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    Powered by themekiller.com anime4online.com animextoon.com apk4phone.com tengag.com moviekillers.com