Cronica

Michal Kwiatkowski, el orbe celeste que giró en Sanremo

18 marzo, 2017
Precioso sprint final en el que el de siempre saca la lengua

Precioso sprint final en el que el de siempre saca la lengua

Nicolás Copérnico viajó de su Polonia natal a Italia para completar los estudios iniciados en la bella Cracovia. Amplió su formación en Bolonia e hizo astronomía en Roma. Más tarde, marchó a Padua, y allí es donde comenzó a escribir De revolutionibus orbium coelestium, Sobre los giros de los orbes celestes, la obra en la que manifiesta que la tierra gira alrededor del sol. El caso es que cinco siglos después, un vecino suyo -las ciudades natales de los dos protagonistas, Toruń y Chełmża, están a 20 kilómetros- ha consagrado también su carrera profesional en Italia con la victoria en la Milán Sanremo, el primer monumento en su palmarés. Además, Kwiatkowski lo ha hecho a lo grande, batiendo en el sprint al mejor clasicómano del momento, Peter Sagan, tras aguantar su rueda en la subida al Poggio. Casualidades de la vida, con la camiseta del Sky, un equipo al que no le afectan los oscuros nubarrones que oscurecen sus prácticas para entrenar más y mejor.

Por fin, una Milán Sanremo que merezca el sobrenombre de la Classicissima. Y eso que ha sido la edición más lenta desde que Eric Zabel ganase en 2001 por delante de Cipollini y Vainsteins. Los ciclistas han tardado en recorrer los 291 kilómetros que separan Milán de Sanremo siete horas y ocho minutos, lo que significa una media de 40,73 kilómetros por hora, cuando el año pasado Arnaud Démare invirtió seis horas y 54 minutos, a 42,38 kilómetros por hora. Aunque bien es cierto que para ello tuvo que agarrarse a una moto en la subida del Poggio.

La fuga del día, con Julen Amezqueta

La fuga del día, con Julen Amezqueta

La carrera fue un sopor, como de costumbre, hasta el arranque de la Cipresa, un puerto de 5,6 kilómetros al 4% situado a 27 kilómetros de la meta de Sanremo, pequeña ciudad de 60.000 habitantes de la Liguria italiana que hace frontera con Francia y que además de ser la llegada de la Classicissima es famosa por su casposo Festival de la Canción. Que sí, que el kilometraje es la característica principal de una prueba que suele decidirse en un sprint al que suelen llegar 40 ó 50 ciclistas. Por esa razón es dura, se marcha rápido y, por mucho callo que tengas, estar sentado siete horas en el sillín de la bici es molesto para el trasero. Pero ante eso, un dato: Kwiatkowski hizo una media de 124 pulsaciones por minuto en esos 291 kilómetros, en los que solo se suben 1.900 metros de desnivel. Esto quiere decir que durante 265 kilómetros vas silbando si no te toca comer viento en las primeras posiciones del pelotón. Valga como ejemplo que Alex Dowsett, británico del Movistar que llegó con el grupo cabecero, hizo de media 114 ppm. Muy lejos de las 154 que, por ejemplo, marcó Visconti en la Strade Bianche, que solo tuvo 175 kilómetros. O las 140 de Jay McCarthy. Por cierto, el ganador de la edición de este año de esta carrera fue también Kwiatkowski, pero no informó de sus pulsaciones.

La escapada del día (bravo Julen Amezqueta) fue fagocitada por el grupo en el inicio de la Cipresa. Al poco, comenzaron las hostilidades con el ataque de un Sunweb que quería endurecer la carrera para que su líder, Michael Matthews, se quedase sin los rivales más rápidos de cara al sprint final. Al final, agua para el australiano, que sigue muy lejos de rendimientos pasados y al que el cambio de equipo no parece haberle sentado muy bien. A las hostilidades se unieron el terror de las mujeres Daniel Oss, un Sky, Gilbert, otros dos BMC, Dumoulin y Wellens. El belga del Lotto volvió a intentarlo a mitad de puerto, pero sin convicción. Estos movimientos se vieron frenados por el imparable avance del pelotón, que aunque iba en fila estaba compuesto por al menos 100 unidades. En todo caso, la subida a la Cipresa se hizo muy dura por el empuje del Sunweb con Simon Geschke y Tom Dumoulin al frente. Cavendish, uno de los favoritos para el triunfo final, se quedó cortado a 20 de meta. La media de pulsaciones de Kwiatkowski fue de 178 durante un esfuerzo anaeróbico de 9 minutos y 52 segundos que hace que después pesen mucho las piernas.

Dumoulin con medio Sky a su rueda

Dumoulin con medio Sky a su rueda

El ritmo no podía parar y el ciclista del Bahrein Enrico Gasparotto, ganador el año pasado en Amstel, cogió el timón para llevar bien colocado a su líder, Sony Colbrelli. Ambos italianos, ambos el año pasado en equipos Continental Pro. Si bien las subidas a estos puertos de la Sanremo son tendidas y cualquier globero medio preparado las puede hacer con el plato metido, no ir bien colocado en la bajada te puede costar la carrera. Sin ningún incidente, el grupo completó el descenso y esta vez fue Gallopin, del Lotto, el que probó suerte en solitario a 17 kilómetros de meta. Esto hizo que el pelotón se estirara aún más gracias al trabajo del Bora, que con un enorme Cesare Benedetti llevó en volandas a Sagan hasta los pies del Poggio. El ciclista italiano corre en la misma estructura desde 2010 y no tiene ninguna victoria como profesional, aunque tiene un triunfo que pasará a la historia: ganó el maillot de la montaña de la Tirreno de 2016 en una edición en la que no se subió ningún puerto de entidad, ya que se tuvo que suspender la etapa con final en Monte San Vicino. Le sonará a quien se haya pasado alguna vez por aquí.

El grupo redujo su número de 100 a 50 unidades, con muchos BMC dejándose ver en cabeza a poco de empezar la subida del Poggio. Los del equipo del cielo comenzaron a agolparse en las primeras posiciones, pero era Dumoulin el que marcaba un ritmo infernal y seleccionaba el grupo para un Matthews que andaba no más allá de la posición décima. El holandés, uno de los favoritos para el Giro, llegó incluso a abrir hueco con los cuatro ciclistas de Sky que copaban las primeras posiciones del pelotón, pero a poco más de seis de meta desfalleció y dejó el rebaño sin pastor. Un ciclista no puede exponerse de esa manera si no tiene la certeza de que va a llegar hasta la cima con el trenecito. Es un error táctico de principiante, por no hablar del ridículo que en general hizo el antiguo Giant. En ese momento de indecisión, Sagan lanzó un ataque brutal que pocas veces se ven en un puerto en el que es casi imposible vencer el paso que marque el pelotón. “Con Paolini esto no hubiera pasado”, debió pensar en ese momento Kristoff, cuarto en la carrera tras ser el mejor en el esprint del grupo. Pero la lamentable apertura de patas del que dicen que va a ser el nuevo Indurain (risas) dejó en bandeja la carrera al eslovaco.

Realmente, hubiera sido así de no ser porque dos de los ciclistas que más en forma están en este 2017 salieron en su búsqueda. Kwiatkowski se llevó pegado a su rueda a Alaphilippe, un fenómeno sobre la bici que tiene unos problemas terribles para ganar. Pero que siempre está ahí, como demuestra el podio en esta Sanremo u otras posiciones de honor en Flecha y Lieja. Como apunte, el año que Gilbert hizo pleno en las Ardenas (2011) también hizo tercero en el primer Monumento del año. Por tanto, la carrera se iba a decidir entre el eslovaco que luce el arcoíris, un polaco con complejo de Guadiana y un francés perdedor. Y la lógica decía que el primero era el gran favorito.

Ciclopalmarés del polaco

Ciclopalmarés del polaco

Los fugados coronaron el puerto postrero con una docena de segundos de ventaja sobre un grupo que no tenía dos corredores del mismo equipo para poner la directa en la bajada y los dos kilómetros llanos que conducen a la meta. Por tanto, era un mano a mano entre tres de los mejores rodadores del pelotón y un pelotón sin patrón. Por ello, la diferencia se fue casi a los 20 segundos cuando faltaban 2.000 metros. Kwia, generoso como pocos, dio dos relevos a Sagan, uno de 200 metros a falta de 1,8 kms a meta, y otro a 1,3. El que no asomó la cabeza fue Alaphilippe, que prefirió ir a rueda y confiar todo a su muy buen esprint. El campeón del mundo, que fue en cabeza todo el último kilómetro, arrancó a 250 metros de la llegada sin demasiada fuerza. 300 kilómetros en las piernas pesan mucho, más cuando has tenido que hacer los 3,7 kilómetros del Poggio -3,7% de desnivel medio- a 180 pulsaciones por minuto. Kwia le cogió muy bien el rebufo y le adelantó a pocos metros de la línea. El cansancio de Sagan era tal que de un bandazo casi tira al polaco al suelo.

Michal Kwiatkowski ya tiene su primer monumento. Los mismos que Sagan, ambos nacidos en 1990. Y está granjeando un palmarés con triunfos muy selectos y en todos los formatos. Sus 16 victorias como profesional incluyen esta Sanremo, el Mundial de Ponferrada, obtenido tras una arrancada en el momento clave, una Harelbeke, piedras, ganada a un Sagan que llegó a meta desfondado, y una Amstel, Ardenas, conseguida al esprint ante dos hombres rapidísimos como Valverde y Matthews y tras aguantar la embestida de Gilbert en el Cauberg. Todas ellas de gran distancia, lo que pone en valor la enorme resistencia del ciclista nacido en Chełmża. Además, tiene dos Strade Bianche y una Vuelta al Algarve, lo que demuestra que también es ciclista para carreras por etapas. De hecho, rozó el top ten en el Tour de 2013, cuando solo tenía 23 años.

Pero Kwiatkowski es un ciclista ciclotímico. Era raro verle hacer dos carreras buenas seguidas hasta la carrera de hoy. Para el recuerdo su lamentable Lombardia de 2014 tras ganar el Mundial, o la espantada del año pasado en la Flecha Valona. Venía de ganar Harelbeke y poco después abandonó Amstel dando una pena espantosa. Después de eso, se arrastró en todas las carreras que disputó, y acababa como el que dice de empezar la primavera. Kwiatkowski corre en el Sky, el equipo del cielo que, valga la ironía, parece bendecido por alguna especie de venia papal. Nada ni nadie puede con ellos, una locomotora que no descarrila por muchas acusaciones de prácticas dudosas y paquetes sospechosos se le pongan en su camino.

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