Cronica

Mørkøv, Malabrocca en el Tour a su pesar

5 julio, 2016
Cuánto queeeeeda

Cuánto queda

Lo ves pasar, fundido, a casi 14 minutos del ganador de la etapa, y lo primero que te preguntas es en qué resquicio de su mente va a encontrar mañana la motivación para levantarse de la cama, ponerse de corto y recorrer la quinta etapa del Tour de Francia. Más de 200 kilómetros en los que además se puede quedar fuera de control, ya que en el último tercio se encadenan cinco puertos y los equipos de la general querrán rodar muy rápido. Michael Mørkøv (Katusha) se cayó en la volata de la primera etapa mientras ayudaba a su jefe de filas, Alexander Kristoff, a ir bien colocado. Sin nada roto, pero con mucho dolor, es el Luigi Malabrocca del Tour de Francia, papel que le ha tocado interpretar para su desgracia en soledad.

Las oníricas imágenes de Ghislain Lambert bajando un puerto en aquel cinematográfico Tour de Francia poco tienen que ver con la cruda realidad que le ha tocado vivir a Mørkøv, que a la mínima tiene que descolgarse del grupo porque el daño le impide seguir el ritmo. A Lambert le esperaron sus compañeros de equipo porque quedar el último de la carrera daba publicidad al mecenas. Los intereses de la escuadra rusa donde corre junto a Purito, Kristoff o Zakarin son distintos -y al ritmo que van me permito decir que inalcanzables- y mucho menos románticos. El ciclista danés ha sido el 193, el 197, y dos veces 198, o sea, último, en las cuatro etapas que se han disputado de esa trituradora de carne que es el Tour, por lo que transita en la general a más de 37 minutos de Sagan. Si por lo menos tuviese algún reconocimiento…

Piano piano

Piano piano

El Giro de Italia volvió a escena en 1946 tras un lapso de cinco años por la Segunda Guerra Mundial. Se reanudaba el duelo de ese tiempo, Coppi contra Bartali, Bartali contra Coppi, dos ciclistas que polarizaban el país como en tantas otras ocasiones se haya visto en el deporte. Por lo que parece, el espíritu socialdemócrata afloró en los organizadores transalpinos y se inventaron la maglia negra, prenda que vestía de forma simbólica aquel ciclista que fuese el último de la clasificación general. La esencia del trofeo se desvirtuó, y lo que se pensó que debió ser una exhibición de pundonor se transformó en un acto lazaríllico más propio de la vida del Gran Vázquez que de la del Cid Campeador.

Luigi Malabrocca, un ciclista de clase media, ganó las dos primeras ediciones. En la primera, de 1946, entró en Milán a más de cuatro horas de Bartali, mientras que al año siguiente se dejó con Coppi más de seis horas. ¿Cómo? Con teatro, pero siempre con la referencia del fuera de control presente. La misma que perdió dos años más tarde y le costó el ansiado trofeo. Al fight for the black se le unió Sante Carollo, un joven albañil con las mismas dotes interpretativas que Malabrocca. Se llegaba a la última etapa y el negro era del aspirante, por lo que Luigi echó el resto y encontró acomodo en una casa de campo en la que compartió con sus huéspedes un entretenido almuerzo en el que me figuro que también disfrutarían de café, copa y puro a los pies de una chimenea. Malabrocca estaba tan a gusto que perdió la noción del tiempo y apareció por meta cuando la organización estaba echando el cerrojo a la carrera. Fuera de control.

Nani Pinarello, de los Pinarello de toda la vida

Nani Pinarello, de los Pinarello de toda la vida

Anécdota simpática de un premio que desapareció en 1951 (lo ganó Giovanni Pinarello, que no sé si es el de las bicis, pero si es yo me andaría con ojo) y que poco tiene que ver con lo que a Mørkøv le ha tocado lidiar. El danés lleva un buen año en su estreno como corredor del equipo estatal ruso. Hizo décimo en la Gante asumiendo galones, acabó en el top 30 en el Tour de Flandes y top 20 en los Tres Días de La Panne. También formó parte de la fuga original de la Paris Roubaix que ganó Hayman. Su papel es ayudar en los esprints a Kristoff, y así fue como acabó con sus huesos en el suelo tras chocar con algo del público.

“No estoy seguro de cómo sucedió, estábamos en la última curva estaba muy cerca de la barrera. Estaba seguro de que tenía suficiente espacio, y de repente perdí el equilibrio. Algo de los que estaban allí me dio.”, dijo el danés tras el incidente. “No me golpeé fuerte la cabeza. Me hice mucho daño en la pierna. Me di directamente con el manillar a mucha velocidad. Tengo un fuerte hematoma, lo que me dificulta mucho estar de pie. Espero que con un poco de hielo y el tratamiento que pueda empezar la carrera de mañana”. Con la de hoy, ya son otras dos etapas las que ha completado a duras penas, rezando para que los que van adelante mantengan la calma y el pelotón no se estire como un látigo a través de esas estrechas carreteras que caracterizan el recorrido del Tour. Porque en ese momento, Mørkøv se queda solo en el calvario particular de cada jornada, en la que vuelve a ser el más débil con el muslo de la pierna derecha pidiendo tregua.

Amos hombre, que me estoy dejando el embrague

Amos hombre, que me estoy dejando el embrague

El danés acumula diez minutos más de desventaja en la general que Sam Bennett, el esprinter irlandés del Bora que también se vio implicado en la brutal caída del primer día. En la llegada de Cherbourg, allí donde Kreuziger reventó la carrera y Contador perdió un tiempo precioso tras haberse caído por segunda vez a 120 de meta, Bennett entró a más de 16 minutos con el coche escoba pisándole los talones tras descolgarse del grupo de forma definitiva a unos 40 kilómetros de meta. Todos los sueños de victoria convertidos en una pesadilla de la que solo despertará el día que abandone la carrera.

En la etapa de hoy, Bennett perdió 8:59 con Kittel, que en un esprint de infarto se impuso por milímetros a Coquard. El francés vuelve a tirar al palo tras concluir tercero el día anterior tras Cavendish y Greipel, aunque en su haber ya iguala los resultados de 2015. El corredor del Bora le metió 5:39 a Mørkøv, que se consolida como el maillot negro del Tour, un premio que es casi como estar en las trincheras. La única suerte para ambos es que al menos van sentados.

  • Etapa 1. Mont-Saint-Michel / Utah Beach Sainte-Marie-du-Mont 188 km
  • Etapa 2. Saint-Lô / Cherbourg-en-Cotentin 183 km
  • Etapa 3. Granville / Angers 223.5 km
  • Etapa 4. Saumur / Limoges 237.5 km
  • Etapa 5. Limoges / Le Lioran 216 km
  • Etapa 6. Arpajon-sur-Cère / Montauban 190.5 km
  • Etapa 7. L'Isle-Jourdain / Lac de Payolle 162.5 km
  • Etapa 8. Pau / Bagnères-de-Luchon 184 km
  • Etapa 9. Vielha Val d'Aran / Andorre Arcalis 184.5 km
  • Etapa 10. Escaldes-Engordany / Revel 197 km
  • Etapa 11. Carcassonne / Montpellier 162.5 km
  • Etapa 12. Montpellier / Mont Ventoux 184 km
  • Etapa 13. Bourg-Saint-Andéol / La Caverne du Pont-d'Arc 37.5 km
  • Etapa 14. Montélimar / Villars-les-Dombes Parc des Oiseaux 208.5 km
  • Etapa 15. Bourg-en-Bresse / Culoz 160 km
  • Etapa 16. Moirans-en-Montagne / Berne 209 km
  • Etapa 17. Berne / Finhaut-Emosson 184.5 km
  • Etapa 18. Sallanches / Megève 17 km
  • Etapa 19. Albertville / Saint-Gervais Mont Blanc 146 km
  • Etapa 20. Megève / Morzine 146.5 km
  • Etapa 21. Chantilly / Paris Champs-Élysées 113 km

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1 Comment

  • Reply Lemond Forever 5 julio, 2016 at 20:02

    Quizá no la maglia negra, pero en el Tour se podían animar para que hubiese un reconocimiento como en el Giro al que más kilómetros acumula escapado. Yo creo que aún más, deberían de permitirle vestir un maillot. Sería un aliciente estupendo para los equipos más modestos de la carrera. Sds.

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