Cronica

Silencio, cámara, ¡acción! Giro de Italia 2016

30 mayo, 2016

Como comentaba un lector en uno de las últimas piezas, el showrunner del Giro de Italia de 2016 ha tenido que hacer por fuerza sus pinitos como guionista en la HBO, la productora que ha dado a la luz obras maestras de la talla de Los Soprano o The Wire. Todo el mundo coincide en señalar esta edición de la corsa rosa como la mejor carrera de tres semanas del siglo XXI. Yo no voy a ser menos, pese a que la fragilidad de la memoria tiende a sobrevalorar lo vivido de forma reciente frente a la lejanía de lo pretérito. La misma memoria que, curiosamente, actúa en otras ocasiones de forma contraria y te envuelve en la madeja de la nostalgia, endulza los recuerdos y te hace creer que todo tiempo pasado siempre fue mejor. Sin más dilación, paso a enumerar aquellos elementos que considero que han hecho del Giro un producto audiovisual digno de plumas como las de David Chase o David Simon.

Tony Soprano siempre fue muy de Nibali

Tony Soprano siempre fue muy de Nibali

Estoy pensando ahora que quizá haya demasiada entradilla para lo que realmente tengo que decir. En todo caso, para poner en valor este Giro lo que voy a hacer primero es compararlo con el bodrio del Tour de Francia de 2015. Además, el símil cinéfilo nos sirve en este caso a la perfección. Recuerdo que la ronda francesa del año pasado tenía un tráiler estupendo, el Tour de los Cuatro Magníficos, con una cartelería despampanante en la que los protagonistas eran las superestrellas de la bicicleta Froome, Contador, Nairo y Nibali. Los cuatro mejores ciclistas de grandes vueltas frente a frente. Pero como suele ser habitual, tanta fanfarria acaba en una sonora decepción. Llegó la primera etapa de Pirineos, el Sky sacó toda su artillería y Biohazard sentenció la carrera en el primer puerto serio, la Pierre de Saint Martin. En solo ocho etapas se había acabado el Tour.

Sin embargo, el Giro solo contaba con dos ciclistas con una gran vuelta en su palmarés, y solo uno de ellos con el caché suficiente para considerarse favorito en una prueba de este calibre participe quien participe. Con esta carta de presentación, un dominio aplastante de Nibali no hubiese sorprendido a nadie, ya que además contaba con el mejor equipo. Pero la realidad ha sido bien distinta para fortuna del espectador, y es que los guionistas de este Giro han tenido la delicadeza de igualar las fuerzas entre los contendientes y no desvelarnos hasta el último capítulo el desenlace. Por lo tanto, ya tenemos el ingrediente número uno, el que para mí es el más importante, sean cuales sean los nombres de los protagonistas: equilibrio.

A partir de ahí, lo demás viene más o menos dado. Pero existe un aliciente que hace aún más dramática esa igualdad: el suspense. “Expectación que se crea ante el desarrollo de la trama de una obra literaria o una película y que mantiene al lector o espectador ansioso por saber lo que va a ocurrir”, se lee en la Wikipedia. Si los principales favoritos hubiesen ido de la mano en unos pocos segundos hasta la última etapa, todo el suspense se hubiese concentrado en esos 130 kilómetros en los que el pelotón iba a subir colosos de la talla de la Bonette o el Colle della Lombarda. Pero es que la general del Giro de Italia fue una montaña rusa hasta la cronoescalada de la etapa 15, en la que el holandés Steven Kruijswijk pareció dar el golpe definitivo a la general.

Krispis, interpretando a Kevin Mchale (o al revés, yo qué sé)

Krispis, interpretando a Kevin Mchale (o al revés, yo qué sé)

La primera percha para la maglia rosa fue Tom Dumoulin, que se impuso por milésimas -más suspense- en el prólogo disputado en su país. Lo recuperó en el primer contacto con la media montaña (etapa 4, en la que ganó Ulissi tras un perfecto trabajo de su gregario Conti) y lo mantuvo hasta el “sterrato” de Arezzo (etapa 8), en el que Brambilla dio una exhibición que le sirvió para ponerse líder. Entre medias, otro secundario de lujo, Tim Wellens, sacó a relucir todas sus dotes dramáticas con una victoria de etapa en la que su compañero Pim Ligthart jugó un papel decisivo al llevarlo enganchado a su rueda durante 70 kilómetros hasta el pie del último y decisivo puerto. El siguiente actor que apareció en escena fue Bob Jungels, sexto en la general final, ganador del jersey al mejor joven y maglia rosa durante tres etapas. El telefónico Andrey Amador se lo puso en el primer contacto serio con la alta montaña, pero al día siguiente en los Dolomitas, en la que para mí ha sido la etapa más bonita del Giro de Italia, se lo arrebató Krispis.

El holandés, que al igual que Nibali y Valverde se preparó en el Teide, demostró una superioridad abrumadora a lo largo de las siguientes etapas, por lo que el desenlace de la carrera le era tan favorable como parecía serlo a Ivan Drago después de maltratar sin límite y enviar a la lona una y otra vez al pobre Rocky en la cuarta entrega de la saga. Pero cuando todo parecía decidido… ¡sorpresa! (espero que los herederos de Hitchcock no se enfaden por esta diferenciación tan chusca de suspense y sorpresa que me acabo de marcar). Una sorpresa que fue un dramón. La caída de Krispis bajando el Agnello, cima Coppi de esta edición, fue un elemento del guion que nadie esperaba pero que siempre es posible en una carrera de ciclismo. Éstas no solo se ganan en los puertos, también en los descensos (como Nibali en Lombardía del año pasado) o en una etapa que nadie espera (Induráin en el Tour de 1995). Así, el que parecía que se iba a llevar la estatuilla se quedó incluso fuera de la alfombra roja: ni podio, ni etapa. Solo el premio del publico.

Landa y sus extras

Landa y sus extras

Equilibrio, suspende y sorpresa, todo ello salpimentado por unos decorados evocadores a lo largo y ancho de Italia, donde sobresalen los Apeninos, la Toscana, los Dolomitas y los Alpes Occidentales. Un escenario ideal para un guion en el que encima hubo espacio para el morbo y la conspiración -dos elementos inherentes al ciclismo- con el abandono de Mikel Landa. El alavés completó una contrarreloj bestial en la que puso en valor la Fórmula Sky. Tras esa etapa, la novena, era el favorito para llevarse el Giro de Italia, ya que partía desde la misma posición en que sus principales rivales con toda la montaña por delante, su terreno preferido. Pero algo se le atragantó en el lunes de descanso – ¿un choricillo de la barbacoa? – y le hizo abandonar al día siguiente cuando apenas se habían recorrido unos pocos kilómetros. El Sky dijo que el culpable fue una gastroenteritis, en tanto que en las redes se escucharon muchas voces que apuntaban a que Landa tomó algo para entrenar más y mejor que le sentó mal. En todo caso, final prematuro para un actor que hubiese animado el desarrollo de la carrera. O no.

La presión se le multiplica al vitoriano, ya que erró donde no debía con un año de contrato y ahora tiene que conseguir resultados -para él o para el equipo- en la Dauphine que se inicia el domingo día 5 de junio. Esta carrera francesa de una semana y el Tour de Suiza serán los prolegómenos del Tour de Francia, que este año se caracteriza por tener aún más montaña si cabe que en anteriores ediciones. Allí se darán cita, otra vez, los mejores vueltómanos del momento (Froome, Nairo, el Gaseosas, Nibali y Aru) y un elenco de secundarios de lujo a la altura de Robert Duvall (Poels, Thomas, Pinot, Bardet, Porte, Van Garderen, Jungels, Martin, Yates, Rolland, Talansky, Gesink, Llorito, Mollema). Ojalá que el guionista de la Grande Boucle esté a la altura. Y, de paso, si no es mucho pedir, que no se contrate al becario del GPS.

You Might Also Like

3 Comments

  • Reply Irun Connection 30 mayo, 2016 at 22:28

    También es una ventaja para el Giro no tener a un director tan necio como Guillén, que solo es capaz de dirigir películas que tienen el mismo guion: cuestas de cabras y más cuestas de cabras. Un saludo.

  • Reply CacaitoR 31 mayo, 2016 at 09:26

    Hola, Berts.

    El showrunner yo creo que era el mismo que el del giro del año pasado, pero con un poco más de experiencia y algo más inspirado: el guion se parece muy mucho, sobre todo el papel de los líderes de Astana, que después de acumular unas cuantas etapas perdiendo tiempo exponencialmente, son capaces de remontar apelando a la épica en los últimos días. Y con unos gregarios tanto o más fuertes como los líderes del resto de equipos. La única diferencia es que el año pasado dieron con un hueso duro de roer (y eso que el solomillo no tiene hueso, no?) y este año, mchale planeó con sus anchos hombros sobre la nieve y allanó el camino…
    En cualquier caso, resulta sospechoso cuanto son parecidos ambos guiones. No sé yo si no irá ramoncín a pedirle explicaciones al guionista en cuestión…
    En cualquier caso, carrerón este giro. Desde el tour ’11 que me reenganchó al cicismo que no disfrutaba así con una gv.
    Un saludo!

    • Reply berts 31 mayo, 2016 at 09:42

      Jajajajaja, el rey del pollo frito! Ya te conté alguna vez que este artista -en todos los sentidos- hizo la mili con mi padre, y que sus funciones en el cuartel iban más allá de los dictados marciales.

      Totalmente de acuerdo, Cacaital. Mismo guión -el giro del año pasado fue otro girazo- pero con algo más de sorpresa.

      El premio al mejor actor secundario es sin lugar a dudas para Scarponi, el Steve Buscemi -valga la comparación- del pelotón. Medio Giro es suyo, pero sin la caída del día del Agnello estaríamos hablando de otro vencedor.

      Gracias por comentar!

    Deja un comentario

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    Powered by themekiller.com anime4online.com animextoon.com apk4phone.com tengag.com moviekillers.com